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Colombia, país sin memoria musical 
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Pensar en patrimonio también es hablar sobre música y Colombia, como país rico en tradiciones culturales, posee composiciones históricas que han quedado en el olvido. La tarea de recuperación es ardua, pero comienza por rescatar, difundir e instruir a la ciudadanía sobre lo que se tiene.


La música es quizá una de las formas más simples de concebir la vida pues conecta instantes, recuerdos y anhelos del hombre. No concibe límites ni siquiera de género porque su única intensión es complacer al oyente.

Y si bien se han establecido parámetros para designar las diferentes interpretaciones musicales, las obras tienen un mismo poder y como tal, deben ser preservadas en el tiempo con el fin de no ser olvidadas.

Pero, ¿por qué la sociedad tiene memoria a corto plazo?, ¿Qué sucede con las obras maestras de la música colombiana, las que cantaban los ancestros?, ¿Cómo sucedió que Colombia se convirtiera en un país sin memoria histórica y, adicional a ello, sin recuerdos sobre la música?

La historia señala a los géneros populares y netamente comerciales como los culpables, sin embargo, es vital comprender que la música, como elemento primordial de la cultura, es también cambiante y por tanto, adapta sus expresiones a diferentes épocas. 

La ciudad como epicentro de manifestaciones culturales también alberga nuevos artistas. Providencia Reggae, Puerto Candelaria, Rey Gordinflón, entre otros, son muestra de eso y  están interesados en rescatar el pasado a partir de adaptaciones, mezclas y fusiones musicales de las obras que alguna vez  fueron reconocidas y que ahora mismo son patrimonio cultural.
 
Su interés no es otra cosa más que ser parte de un proceso necesario, pero aún carente de sentido en su consolidación: Salvaguardar la memoria musical. No obstante, también en Medellín, existen organizaciones comprometidas con su preservación y que día a día laboran por investigar, recuperar y poner en circulación las piezas que se convirtieron en parte de un archivo.


ESTADO Y PRESERVACIÓN DE LA MÚSICA COLOMBIANA

Una de las organizaciones más importantes, por su concepción académica y sus múltiples reconocimientos nacionales e internacionales, es  el grupo Interdis de la Universidad Nacional de Medellín. Este grupo, aprovechando el  campus universitario como espacio de conocimiento vital, propicia la reflexión, el debate y las acciones concretas para salvar lo que puede estar en peligro.

“Nuestro trabajo tiene como objeto recuperar y promover el patrimonio cultural colombiano, pero además de ello lo hacemos a través del lenguaje audiovisual, porque consideramos que es una herramienta importante para llegar a las personas y también posibilita conservar el material audiovisual como patrimonio” define Hernán Humberto Restrepo integrante de Interdis.

Además de priorizar la supervivencia de piezas antiguas y, por ende, la protección de aquellas que surgen en el presente y que más adelante serán historia, la tarea inagotable de la institución, apunta a poner en circulación los materiales para que la gente pueda tenerlos en las manos para conocerlos, analizarlos, disfrutarlos y si es el caso, criticarlos.

La música es una sola, no distingue clases sociales, ni condiciones físicas porque ella está impregnada de emoción. Aún así no es suficiente puesto que ésta, como un arte creativo, es parte de la historia, de la invención cultural de un espacio y necesita ser impartida desde los primeros años de infancia.

Galina Likosova, integrante de Interdis, confronta la juventud europea y colombiana asegurando que “es posible que los europeos no sepan muchos datos exactos de historia, pero sí conocen la historia de 800 años atrás porque se sienten parte de la comunidad a la que pertenecen. En Colombia parece que los muchachos no tuvieran raíces porque además, solo consumen lo comercial y dejan atrás años de historia”.

Colombia, al vivir realidades difíciles de violencia y desigualdad, se ha proyectado en otros países como el lugar de la desprotección y el temor. Su imagen negativa ha opacado obras maestras de la música y ha proyectado e impulsado producciones comerciales, pero aún así deja un sinsabor en el ámbito musical clásico, folklórico y tradicional.

El panorama desalienta porque los colombianos no saben que lo que tienen es un tesoro invaluable y por tanto, no se apropian de ello, mientras que músicos preparados en conservatorios extranjeros optan por adaptar piezas maestras colombianas en sus repertorios musicales.

“La gente dice que nadie es profeta en su tierra, entonces la estrategia nuestra y de otras organizaciones es invitar a músicos de otros países para tocar la música de cámara colombiana, que se lleven las partituras para que algunas de esas obras se queden en los repertorios y cuando lleguen acá, asombren por su calidad” afirma Galina.

La música está compuesta por tres partes importantes e imprescindibles: El compositor, de quien nace la lírica, da el primer paso antes de entregárselo al intérprete, quien a su vez sirve de intermediario con el oyente pues es quien musicaliza la obra. El tercero es quien oye la pieza, la disfruta, la conserva o desecha.

En el país siempre hace falta alguna de estas piezas. De ahí que las obras maestras colombianas aún permanezcan archivadas esperando ser rescatadas por un apasionado que desee interpretarla de nuevo, pero también aguarda por políticas estatales y eficaces que denoten sus resultados a largo plazo.

Existen esfuerzos aún no tan contundentes en materia cultural. Falta perfeccionar puntos concretos a través de “una gran ley de la cultura, pero no a 4 años, si no a largo plazo. Aquí no hay utilidad en los proyectos buenos y además, en los programas de estudio histórico, patrimonial, cultural. Entonces, se necesita un esfuerzo mayor y constante para que todas las revelaciones culturales del país se inculquen en proyectos educativos” concluye Galena.


INTERDIS COMO OPCIÓN AUDIOVISUAL

Los integrantes del Grupo Interdis no saben cuándo encontrarán una historia para contar. Planean investigaciones para encontrar datos en obras musicales perdidas y solo hasta entonces saben que entraron en contacto con la música.

Hernán asegura que cuando ven que más allá de la música de un compositor hay algo que vale la pena contar. “Indagamos, escudriñamos en su vida para narrar. Muchas veces no sospechamos que tenemos algo que contar y al final terminamos considerándolo como patrimonio, con partituras, historias y realidades”.

Su trabajo se hace más interesante al unirse con las imágenes. Allí, en la narrativa audiovisual, encontraron una opción perfecta tanto para rescatar compositores, como para conectarse con la ciudadanía a través de  la proyección de sus documentales en los barrios de Medellín.

Un ejemplo claro del impacto de estas actividades fue la presentación del documental en Castilla de Gonzalo Vidal, un músico antioqueño reconocido en Colombia tanto por su calidad artística en composiciones para piano, como por su calor humano.

Aún con temor de aburrir a su audiencia juvenil, advirtieron que la historia, convertida en un monólogo de ficción, no era nada parecido a otros programas de televisión colombiana. Era una crónica con actores que resultó, sorpresivamente, gustándoles a los jóvenes.

Además de experiencias significativas, Interdis tiene otros productos destacados. Entre ellos documentales sobre compositores colombianos como Gonzalo Vidal, Luis Carlos Figueroa, Blas Emilio Atehortúa, Antonio María Valencia y Adolfo Mejía Navarro; 8 festivales de música de cámara colombiana, cursos de apreciación musical colombiana, asesorías en producción audiovisual, etc.

“No hacemos cosas inmediatas. Nosotros no somos periodistas, somos trabajadores del patrimonio y aprendemos de lo que hacemos. Mandamos los productos a los festivales y nos dan reconocimiento porque son historias muy bien contadas, además que lo nuestro conserva el patrimonio a través de historias con narrativa y estética diferente”  cuenta Hernán. 

Su evolución continúa con nuevas propuestas donde el testimonio de la vida y obra de estos artistas son la forma de preservar la memoria musical de Colombia. “Nosotros estamos ayudando a cumplir un hecho constitucional porque la gente tiene derecho a conocer su historia y cultura, pero el Estado también debe proveer más posibilidades para que se lleve a cabo” concluye Galina.

Hay productos culturales más notorios que otros y la memoria histórica cultural debería estar en los primeros lugares. ¿Cuántas obras de cámara colombiana conocemos? ¿Qué genios de la composición e interpretación musical colombiana recordamos? ¿Cuándo fue la última vez que indagamos sobre las raíces de las composiciones más representativas de Colombia?

Tal vez el día en que los cuestionamientos den fruto acerca de las reflexiones concretas en esta materia, el país podrá entender la riqueza cultural que tiene. Antes de eso, los manuscritos seguirán guardados bajo llave en los archivos, sin la posibilidad de ponerlos en circulación con proyectos que prioricen la vinculación del ciudadano con su historia. 

 
Enlaces recomendados
Interdis: música, imagen y memoria.
Página oficial de Interdis.



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