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Dos mentes brillantes unidas por la música 
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Dos apasionadas por la música integran el grupo de jóvenes de la Red de Escuelas de Música de Medellín. Ellas, conectadas por la sangre, se destacan por su ímpetu, creatividad y perfeccionismo al tocar sus instrumentos. Luisa Fernanda Betancur nos cuenta sobre su recorrido en la Red.
 
Cuando estaban pequeñas, Maria Antonia y Luisa Fernanda no sabían que su gusto por la música las proyectaría como jóvenes talento de la ciudad. Esta pasión, heredada de sus padres que disfrutaban de las artes, las impulsó a trabajar con perseverancia por lo que querían.

Su infancia fue atípica. Después de experimentar en la familia momentos difíciles, las actividades artísticas se convirtieron en una alternativa para contrarrestar el dolor experimentado después de salir de Betania, Antioquia;  para llegar a Medellín.

Aún soportando golpes duros, las hermanas Betancur estudiaron en Canchimalos, donde aprendieron artes escénicas y música. Tiempo después conocieron la Red de Escuelas de Música y decidieron presentar la audición para ingresar, sin embargo solo pudieron comenzar su preparación musical un año después.

Inicialmente, las gemelas se iniciaron en solfeo y coros, sin definir aún qué instrumento tocarían más adelante. Al llegar el momento de elegir, “mi hermana quiso el violín y mi mamá la apoyó diciendo que ambas tocáramos el mismo, pero yo dije que no, yo quería chelo o si no me salía de la escuela porque yo haría de la música algo mío. Así opté por el chelo porque me parecía que sonaba hermoso y ahí llevo 7 años” afirma Luisa Fernanda, quien ahora estudia comunicación social y periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana.

Según Luisa, cada instrumento define la personalidad del artista y quien lo toque debe proyectarlo en sus presentaciones al público, además agrega que  “por lo general las personas más tímidas comienzan tocando violín y luego cogen más carácter porque son la base de una orquesta de instrumentos de cuerda o una filarmónica. Mientras que los chelistas y los bajitas resultamos ser más expresivos, tenemos mayor gestualidad con el instrumento porque permite involucrar todo el cuerpo”.

Parte esencial para las hermanas Betancur es poderse identificar con los sonidos propios de los instrumentos, escuchar, reconocer y disfrutar cada nota musical que sale cuando se toca, sentir que llenan de armonía el ambiente y, por ende, son especiales por naturaleza.

Un instrumento no está desligado nunca de la condición del artista. Por el contrario, es el que da fuerza a su vida, impulsa a aprender, a proyectar y experimentar diferentes estados, gracias a las sensaciones que emana a través de las notas  musicales.

 

Alternando vidas

El colegio no hubiera sido lo mismo sin la Red. Ese espacio, donde confluyen las melodías de las composiciones que tocan los aprendices y donde los niños y jóvenes conviven con el arte, se convirtió en un espacio para olvidar asuntos complicados, momentos de tristeza y desesperación. 

Para María Antonia y Luisa Fernanda la música fue la oportunidad perfecta para creer en una mejor sociedad. En ella no sólo encontraron el poder para desvanecer los temores del pasado, sino que también pudieron establecer lazos de amistad duraderos.

Su llegada a la Red de Escuelas de Música de Belén les permitió tomar mayor responsabilidad con sus deberes. Al asumir sus obligaciones sin la necesidad de que un adulto les indicara qué debían hacer, ambas alternaron sus estudios académicos con la música. “Muchas veces yo venía en la mañana a la Red y permanecía acá porque quería aprender música” dice Luisa Fernanda al comentar que desde entonces supo manejar mejor su tiempo para todo.

A pesar de que la decisión que debían tomar las dos al hacer la transición a la universidad, las hermanas Betancur buscaron tener dos opciones de vida, de modo que la música no se convirtiera en un único camino a seguir. Así, ambas alternan sus estudios universitarios, con nuevas experiencias musicales en la Red de Escuelas, con el fin de que sus instrumentos no dejen de ser el complemento ideal.


Más que tocar, ¡sentir!

La pasión por la música se desborda al tocar el instrumento. Ese instante de la presentación en el que sólo existe el Director y los compañeros de orquesta, se convierte en el momento donde los sentidos del público son el objetivo principal de la obra interpretada.

María Antonia y Luisa Fernanda siempre han tocado juntas. Más allá de estar unidas por los lazos de sangre, comparten la pasión de la música y lo proyectan en su forma de tocar el violín y el chelo. Las hermanas están seguras de que son inseparables y ese vínculo, que desde pequeñas les enseñaron a fortalecer por encima de todo, es lo que les permite proyectarse como jóvenes promesas de la música en Medellín.

En este sentido, la Red de Escuelas de Música es la promotora de sus sueños, es la que les ha dejado aprendizajes y les permitió conseguir amistades invaluables con sus compañeros y profesores. De allí que sus experiencias compartidas hayan sido las más enriquecedoras y valiosas de su vida.

Una de ellas, enmarcada en la primera realización de un festival de cámara en Medellín, señaló su futuro como hermanas artistas, no solo por el impacto que tenía la preparación de este tipo de evento, sino porque dos mujeres de un mismo núcleo familiar se unían al selecto grupo de 16 jóvenes que participarían en Festicámara 2011.

Su elección no fue fortuita como tampoco lo fue para los demás seleccionados. Todo era resultado de la preparación y la constancia de cada uno al tocar sus instrumentos, del compromiso que traía el hecho de ser parte de la Red de Escuelas de Música.

Gracias a su perseverancia, las hermanas Betancur pudieron estar preparándose en el Parque de Piedras Blancas (Corregimiento de Santa Elena) junto a 13 invitados internacionales que, más que maestros, se convirtieron en un apoyo incondicional para los 16 jóvenes. Frente a esto, Luisa Fernanda opina que “tocar con esa gente fue espectacular no solo por lo buenos que eran, sino porque también tenían una calidad humana inigualable. No eran los músicos a los que no podía hablárseles porque estaban en otro nivel, sino que se trataba de personas que venían donde nosotros para ayudarnos en lo que necesitáramos”.

Luego de culminar el proceso de Festicámara, Luisa y María Antonia presentaron dos propuestas a la convocatoria de Mujeres Jóvenes Talento realizado por la Alcaldía de Medellín para destacar las ideas de gran impacto social para la ciudad.

A pesar de no contar con mucho tiempo para realizar la propuesta y tras presentarse a una audición por separado en la que debían interpretar diferentes piezas musicales, María Antonia quedó en primer lugar, mientras que su hermana, Luisa Fernanda, quien asistió a la ceremonia sin saber que su idea también sería premiada, fue reconocida con el segundo puesto.

“Cuando María Antonia ganó todos se alegraron mucho porque ella nunca había ganado y yo sí. Pero la felicidad fue completa cuando nos dimos cuenta que yo quedé en el segundo puesto, pues nos dijeron que era la primera vez en la historia del concurso en que ganaban dos hermanas” agrega Luisa Fernanda.

Su camino artístico aún no culmina. Es un trabajo de nunca terminar. Ambas, como parte de la familia de Red de Escuelas de Música de Medellín, hacen meritoria su proyección como futuras promesas de la música de la ciudad y continúan siendo ejemplo a seguir de las generaciones en formación.

 

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